• El pez que camina

UN CAMELLO POR UNA RADIO


En esta, mi primer visita al pueblo saharaui, cada lugar al que entro es una casa donde soy una extraña, una intrusa, pensaría alguien, una nasarani más (nasarani: por extensión se refiere a los occidentales) que viene cámara en ojo, lápiz en mano, con mis kalashnikov, dijo alguien. Aún cuando hagamos alarde de sutileza, “mano de seda y ojo de lince” como decía el señor Cartier-Bresson, nuestra presencia es una intromisión, una agresión incluso. Con todo esto, cada vez que entro a una jaima saharaui soy bienvenida, se alegran de verme, agradecen que estemos interesados en contarle al mundo, a nuestra porción de mundo, su historia, la historia de su pueblo y su lucha. Este es un pueblo reconocido por su hospitalidad, las costumbres para halagar al visitante son numerosas y bellas, y al parecer la razón reside en el peso de la noticia, de la información.


En la vida beduina, de los fergan (plurar de frig. Frig: campamentos de varias jaimas) nómadas donde está la cuna de los saharauis, el visitante es el vehículo de la información, la comunicación entre un frig y otro son los tan esperados visitantes. Un frig viaja persiguiendo las nubes, porque el desierto a diferencia de lo que podríamos pensar muchos, es tierra fértil, tanto que solo necesita un poco, muy poco, de agua o incluso humedad en el aire para que crezca alguna planta que será comida del rebaño de camellos, el sustento del frig. Así, entre nube y nube, cada tanto llega un visitante, mil preguntas, mil respuestas, colonia para el invitado, leche fermentada, té, incienso, todo para halagarlo y agradecerle las noticias que sin duda trae. Aún hoy, aquí, en esta jaima en los campamentos de refugiados, se enciende el incienso, se pone la tetera sobre la pequeña estufa de carbón, se ofrece jugo y leche de caja, galletas, dátiles, lo que haya a mano será suficiente para decirle al invitado que siempre será bien recibido.



Aquí, en los campamentos siguen siendo indispensables las noticias, hay celulares de cobertura argelina e internet en algunas wilayas, además de televisores con señal satelital que sintonizan cientos de canales en los que se ven, entre otras tantas ofertas que al final son tan pocas: culebrones de rostros mexicanos y voces árabes, el omnipresente fútbol, noticias de este lado del mundo e incluso, en una cadena Iraní, noticias latinoamericanas. Como alguien me contó la primer noche que llegué, aquí –y con esto se refería a su cultura, no a este espacio prestado– las noticias son tan importantes que alguna vez su padre (el del narrador) en el desierto había cambiado un valioso camello de su rebaño, que hoy por hoy puede costar unos 1000 euros, por una radio, una radio que como una buena visita le contará del mundo, de sus gentes.



Febrero 2014. Smara, Campamento de refugiados Saharauis en el sur de Argelia

© by Ana Karina Delgado.