• El pez que camina

LINDA VISTA, LA QUE OTROS MIRAN



En la costa sur de Chiapas, al pie del volcán Tacaná, se levanta Tapachula. Hasta 1821 Tapachula fue parte del Reino de Guatemala, hoy es la fortaleza de la línea fronteriza. Aquí, empieza una frontera que supera la idea de una puerta de acceso, este es uno de los puntos de inicio de México, la gran frontera vertical, porque según algunos, la frontera de Estados Unidos se llama Guatemala, como si México con sus aduanas internas a mil kilómetros de su línea divisora, fueran todo él, el límite sur del grande del norte. Según muchos, Tapachula, y México en general, no son un destino, son solo lugares de paso para los centroamericanos que vienen huyendo de la violencia y las condiciones económicas que amenazan con aplastarlos.

Palenque, Limón, Coyote, Armadillo, Los Rojos, El Lauro, Las Hamacas, son algunos de los embarcaderos donde se aposentan las cámaras, esas balsas de madera sobre llantas que se usan para cruzar el río Suchiate, que separa a Ciudad Hidalgo –Méxicana– de Tecún Umán, –Guatemalteca–. Las cámaras van bogando allí junto al puente de la aduana, como si unos no pudieran ver a los otros, como si unos solo existieran para los otros a veces, a conveniencia.

En la ribera del Suchiate, solo un poco más al sur de Tapachula, empieza para muchos el largo tramo más difícil, el más riesgo rumbo a USA: ¡México! donde la amenaza se viste de tantos trajes, de coyote, de policía, de migra; donde pueden morir, ser detenidos como criminales, ser deportados, robados, secuestrados, desaparecidos. Y México, el sur del norte, hace grandes inversiones para hacerles el camino más difícil: grandes estaciones de detención, agentes y puestos de control creados para atrapar al migrante y mandarlo de regreso a la casa que lo expulsó.




Huidos de El Salvador, Honduras y Guatemala (además de Cuba, países asiáticos, Colombia e incluso África) vienen subiendo, y aun cuando sin duda muchos abordarán la Bestia –aquel celebre tren de carga– caminarán o se harán invisibles en rutas de autobuses rumbo al norte; otros tantos al llegar a Tapachula, están ya en su destino.

La gente en la calle, y el gobierno en sus oficinas parece decir: no vale la pena destinar esos recursos con otro carácter, como garantizar que estén bien, vivos, si de cualquier manera solo van de paso, no vienen para quedarse. Pero sí, algunos –muchos– vienen para quedarse, y se quedan.


Los zopilotes extienden sus alas imponentes y brincan de una colina a la siguiente. Incluso ellos tienen precio en Linda Vista, donde no solo se hurga para sacarle provecho al plástico, metal, y papel; aquí todo se vende, y hasta los brujos vienen por los buitres.

Linda Vista, es el nombre de la colonia de Tapachula donde está ubicado, desde hace unos 25 años, el basurero municipal, hogar de zopilotes, basura tapachuleña y 97 familias Guatemaltecas, la mayoría aún sin papeles para ninguno de sus miembros.



Pepenadores le llaman en México a estos trabajadores que se zambullen en los desechos de otros para encontrar algo de valor, algo que puedan vender a quien quiera reutilizarlo. Pero este grupo de pepenadores guatemalteco hoy, según unos, no puede vender a quién quiera. El comprador es solo uno, o varios "prestanombres", el precio lo pone ese comprador monopólico.


Dicen que nos van a mandar la policía o la migra si sacamos el material a otro lado, si le vendemos a otro –dice uno mientras afila su gancho de pescar plástico con una lima de hierro.



Los pepenadores de Linda Vista trabajan al rededor de 11 horas diarias para ganar unos 5 dólares. Los pepenadores de Linda Vista son Guatemaltecos, ilegales, indocumentados. A los pepenadores de Linda Vista les amenazan los mismos funcionarios del ayuntamiento, recordándoles que están en su país sin haber sido invitados. Los pepenadores se organizan a pesar del miedo. Los pepenadores vinieron para quedarse.




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Tapachula, México

Octubre de 2015

© by Ana Karina Delgado.