REVUELTA POPULAR EN CHILE

I: Y seguían mirando aunque les sacaron los ojos 

Santiago de Chile, Chile

El fuego se inició en Santiago, pero de allí se propagó a otras ciudades: se encendió en Valparaíso, en Concepción, en Antofagasta y Arica, en Iquique, La Serena, Rancagua y Osorno, ardió en Puerto Montt, en Punta Arenas y en más ciudades del continente y de las islas.

 

Esta vez no fue la sequía, no fueron árboles de cultivo, no fueron los camiones de las empresas forestales ardiendo al grito combativo de “marichiwew” que, en mapudungun, el idioma mapuche, significa literalmente “diez veces venceremos”. Esta vez no fueron casas de ningún cerro del puerto.

Esta vez, la primera chispa la encendieron los estudiantes.

La causa inmediata, fue el alza de la tarifa del Metro de Santiago: 30 pesos más, el equivalente a 0,042 dólares, que entraría en vigencia el 6 de octubre de 2019. 

 

Los estudiantes de liceo iniciaron evasiones masivas y espontáneas en el Metro y, para el 18 de octubre ya había protestas, saqueos y disturbios en muchos lugares del país. 

 

El 19 de octubre, Sebastián Piñera, presidente de Chile, decretó Estado de Emergencia en el Gran Santiago y toque de queda para Santiago y otras cinco regiones del país.

El Estado de Emergencia es un régimen de excepción que otorga al gobierno el poder de restringir o suspender algunos derechos para resguardar la defensa nacional.

 

Con el Estado de Emergencia regresaron los militares a las calles y volvió también el toque de queda, como en aquellos largos años de dictadura, cuando se mantuvo, con algunas interrupciones, desde el día del golpe en 1973 hasta 1987. 

De repente, en el Chile contemporáneo, quienes escucharon de sus padres y abuelos como era vivir “de toque a toque” también tuvieron que quedarse en casa, y quienes habían conocían ya la restricción durante la dictadura, revivieron las escenas de entonces.

La rabia acumulada por décadas y generaciones era por los precios de los fármacos, por el negocio de salud y de las pensiones, por el descreimiento de las instituciones y la clase política, por el alto costo de vida, por el sistema que convierte en morosos a chilenos y chilenas con solo 18 años.  

La rabia, con el pasar de los días, era porque quienes se manifestaban se sabían merecedores de una vida más digna, porque se reconocían herederos y herederas de una lucha que había empezado como resistencia a la dictadura.  De repente, la gente se sentía consiente y, en plazas y calles se coreaban aquello de “Despertó, despertó, Chile Despertó” una y otra vez, como un mantra.

Aunque al principio la Constitución no era una demanda en sí misma, o no lo era de manera prioritaria, terminó condensando el malestar. 

Y es que la constitución vigente en Chile fue escrita y promulgada en 1980, durante la dictadura de Augusto Pinochet. Allí, se cambió el rol del Estado, pasó a ser de uno Social de Derecho, a un uno Subsidiario, lo que implica, desde el ángulo neoliberal con el que se escribió, que los derechos sociales, que incluyen la salud, la educación, las jubilaciones, además del acceso al agua, entre otros, sean proveídos por la empresa privada jugando bajo las reglas del mercado, no por el Estado.

SE INCENDIA EL OASIS

El 8 de octubre, pocos días antes del Estallido de aquel viernes 18, Piñera diría en la tele:

"En medio de esta América Latina convulsionada veamos a Chile, nuestro país es un verdadero oasis con una democracia estable, el país está creciendo, estamos creando 176 mil empleos al año, los salarios están mejorando".

 

 

Eso decía tras mencionar el caos que a sus ojos es Argentina, Paraguay, México, Brasil, Bolivia, Perú y Colombia, donde la recesión, el estancamiento económico, la crisis política y la guerra, campean.

Lo que vino después fue el fuego. 

Se levantaron las barricadas y, la gente, ya no solo los estudiantes de liceo, salió a la calle. Se juntaban a gritar, a exhibir sus carteles con cientos de demandas, se juntaban a bailar y abrazarse, a sentirse parte de una colectividad digna y combativa.  Entonces, se rebautizaron plazas con nombres como: Dignidad y Revolución. Se derribaron estatuas de próceres y se reemplazaron por los nombres de legendarios figuras mapuche o activistas asesinados o silenciados.

Se quemaron figuras con la cara de Piñera y de Pinochet. 

Se incendiaron estaciones de metro (aún sin esclarecer, aunque el sistema está ampliamente custodiado por cámaras de seguridad) 

Se quemaron buses. Se quemaron edificios y puestos de peaje.

Se quemaron motocicletas y autos.

Se quemó basura, madera, papel, cualquier cosa que pudiera arder se quemó en plazas, esquinas y calles. 

Los grandes comercios se blindaron con planchas de hierro, detrás se resguardaron los malls, las farmacias y los bancos.

Los opinadores y periodistas dijeron y discutieron.

Los noticieros transmitieron por algunos días el minuto a minuto de "la guerra contra un enemigo poderoso” declarada por Piñera y, en la calle sonaron las cacerolas y el fuego siguió encendido incluso con la promulgación de la Ley Antisaqueos y Antibarricadas.

 

Los opinadores y periodistas dijeron y discutieron.

Los noticieros transmitieron por algunos días el minuto a minuto de "la guerra contra un enemigo poderoso” declarada por Piñera y, en la calle sonaron las cacerolas y el fuego siguió encendido incluso con la promulgación de la Ley Antisaqueos y Antibarricadas.

 

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© by Ana Karina Delgado.